miércoles, 15 de octubre de 2025

El cómic

 

ACTIVIDAD 13
Transforma en texto uno de estos tres cómics y lo escribes en el apartado Comentarios.


18 comentarios:

  1. En las viñetas se muestra una celebración familiar por el cumpleaños de una anciana. Al principio, toda la familia se reúne alrededor de la mesa: la abrazan, le llevan comida, conversan y disfrutan del momento juntos. Todo parece alegría y cercanía mientras celebran.
    Sin embargo, poco a poco todos los familiares se van marchando. Se despiden con sonrisas, pero ninguno se queda más tiempo ni ofrece ayuda. Solo están presentes para la fiesta y los buenos momentos.
    Finalmente, cuando la última persona se va, la anciana regresa sola a su casa. Allí no hay ruido ni compañía, solo el silencio habitual de su hogar. Se ve que los familiares solo están cuando hay celebración o interés, pero cuando se trata de acompañarla en su día a día o ayudarla con tareas menos divertidas, no hay nadie a su lado. La escena final muestra su soledad después del breve momento de compañía. Y como cuando realmente necesita esa compañía o ayuda, no hay nadie de la familia dispuesto a echarle una mano.

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  2. En el tercer cómic hay varias personas en playa tomando el sol. En primer plano, una mujer se está quitando una prenda transparente y queda en bikini. Cerca de ella, un hombre pequeño con gafas la observa atentamente mientras está sentado en la arena sobre una toalla. Sobre su cabeza aparece una viñeta en el que se imagina jugando una partida de ajedrez con la misma mujer.
    Este pensamiento sugiere que el hombre intenta dar un aire más intelectual a su interés por ella, tratando de disimular su atracción física. Esto es, camufla su aparente interés físico y se centra en un juego, el ajedrez, que requiere de cierta inteligencia.

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  3. La primera. En esta viñeta se ven a tres monjes de la España profunda tratando de cosechar maiz. Uno es el encargado de podar, el otro de poner las estacas para cercar el campo y el otro, el que da las órdenes. A pesar de que se puede ver claro que papeles cumplen cada uno de ellos, esta viñeta puede ser el comienzo o el final de la historia que se pretende contar. Así pues, entraría a debate los diferentes puntos de vista al no saber con exactitud si es el comienoz o el final de la historia.

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  4. Dos monjes están labrando en la huerta del monasterio y al levantar las herramientas, una azada y un martillo, han formado el símbolo comunista. El abad al ver el símbolo que han representado los monjes les ha echado la bronca porque la ideología comunista es contraria a la Iglesia.

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  5. Cuando el monje levantó la hoz y el martillo, el abad gritó “blasfemia”.
    Luego bendijo las propiedades del monasterio.
    Y volvió a hablar de austeridad con la boca llena.
    Esa noche, rezaron por los pobres… para que no se organizaran.

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  6. En el convento de los monjes clarisos el abad se enfada porque ha descubierto comportamientos comunistas entre sus monjes. Ha habido un soplo de información, resulta que los dos monjes encargados de arreglar el jardín y labrar la huerta se escabullen por la noche a escuchar mítines comunistas. El abad los confronta en el huerto y, a pesar de que ellos lo niegan, la energía comunista les sale por los poros, incluso las herramientas que usan se unen para formar el símbolo comunista.

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  7. Mientras que algunas miradas que se posan en la mujer con puro deseo primitivo, hay una de ellas que lleva la situación a otro punto mucho más diferente y profundo. Uno de los muchos hombres que la están mirando no lo hace lascivamente, sino que idealiza una mujer como ella al imaginarla inteligente además de guapa. Sin embargo, ella pasa totalmente por alto tanto su mirada como la del resto.
    La escena juega con el contraste entre la realidad (un hombre común mirando a una mujer que apenas lo nota) y su fantasía exagerada y romántica. El humor del cómic radica en esa diferencia.

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  8. En la playa, una mujer camina con confianza, envolviendo su cuerpo en una toalla, segura de que todas las miradas están puestas en ella. Sin embargo un hombre se imagina una partida de ajedrez, donde las piezas se mueven estratégicamente en su mente. En realidad, los que la rodean, están sumidos en sus propios mundos: un niño juega en la arena, una figura curiosa la observa, pero ninguno parece notar su presencia de la forma en que ella cree. Mientras ella se pierde en su fantasía, la realidad sigue su curso, dejando en evidencia que a veces nuestras percepciones no son más que reflejos de lo que imaginamos.

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  9. Una familia está reunida por el cumpleaños de la abuela, que está en silla de ruedas, le cantan el cumpleaños feliz y sopla las velas. Después, todos comen y conversan entre ellos, pero la abuela no habla con nadie, o más bien, nadie habla con ella. Terminan la comida y todos se despiden de la abuela. Cuando se van, la abuela se queda sola con todos los platos sucios, por lo que le toca a ella recoger y limpiar lo de todos.
    Ningún familiar se ha molestado en charlar con ella o ayudar a limpiar, por lo tanto, la viñeta ilustra una realidad que aún se puede observar en nuestra sociedad: la abuela que cocina para todos, que se preocupa para todos, pero que luego, nadie lo hace por ella, todo es fachada.

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  10. Es el primer domingo del mes, y como todos los domingos impares, los familiares de Rosi la visitan en su casa de Fuengirola con los estómagos vacíos y voces muy altas listas para hablar. El ritual siempre es el mismo: Rosi, matriarca de la familia, se sienta presidiendo la mesa, sentada en su silla de ruedas desde hace dos años, y brindan por lo típico. Familia, comida, salud y todas esas chorradas. Comen, beben hasta que el tío Paco empieza a soltar barbaridades y entonces su hermana Encarna guarda los licores, recogen sus bártulos y cada uno se vuelve por donde vino. Entonces Rosi, conduce hasta una cocina abarrotada por los platos y la basura que sus seres tan queridos y considerados le han dejado de recuerdo. Harta de estas comidas, a veces sólo quiere que la silla de ruedas se estropee y la deje en cama, y así, por fin, tenga que mover el culo alguno de esos canallas.

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  11. Tres frailes aparecen en un huerto. Uno arranca hierbas, otro trabaja la tierra con una azada y el tercero observa con gesto solemne. Los dos que están trabajando la tierra se inclinan con paciencia, uno arranca hierbas y sostiene un manojo de plantas, el otro golpea la tierra con la azada, pero no parecen muy hábiles ya que se enganchan sus herramientas, símbolos del trabajo obrero. La escena juega con el contraste de la vida monástica, asociada a la obediencia, la espiritualidad y el silencio, se cruza con un símbolo revolucionario que habla de lucha de clases, de colectividad y de cambio social.

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  12. En la viñeta observamos a una familia celebrando con entusiasmo el cumpleaños de la abuela. Todos comparten la comida, brindan y parecen atenderla con cariño, alcanzándole la comida y la bebida, ya que ella está en silla de ruedas. Sin embargo, al finalizar la celebración, cada uno se marcha dejando el lugar hecho un desastre, sin preocuparse por recoger nada. Finalmente, la abuela se queda sola, rodeada del desorden, teniendo que recoger todo ella sola.

    Por tanto, esta escena refleja una aparente muestra de cariño que, en realidad, es superficial y motivada por el interés. Durante la celebración todos se muestran atentos y amables con la abuela, pero una vez que la fiesta termina, también desaparece su interés en ayudarla.

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  13. Querido diario:

    Hoy es mi cumpleaños. Llevo esperando mucho tiempo para que este momento llegara, no tanto por el mérito de haber cumplido 88 años, sino por ver a toda mi familia junta otra vez. He de admitir que sus vidas no han resultado como a mí me gustaría que fuesen, y temo que muchos de ellos no sean capaces ni de cocinar un huevo frito. Sin embargo, lo importante de hoy es que, por una vez, van a ser ellos los que se ocupen de traer la comida y organizar toda la fiesta. Llevo años siendo la responsable de la organización de mis propios cumpleaños, y mi espalda ya no da más de sí. Por eso, espero que hoy se cumplan como verdaderos adultos y demuestren empatía hacia mí, así que cuando acabe la fiesta volveré a escribir.

    Querido diario:

    Justo lo que me temía. Aún con mi situación física siguen sin demostrar el respeto que me merezco tras todos estos años, y he tenido que ser yo, sin ningún tipo de ayuda, la que se ha encargado de toda la limpieza. Me parece a mí que estos, a estas alturas, ya no tienen arreglo.

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  14. Luis y Mateo eran los monjes más jóvenes del claustro. Dedicaban las tardes a labores de jardinería: regaban las flores, podaban los setos, cortaban el césped… Pero todas sus tareas estaban supervisadas por los más mayores, que no se fiaban de ellos. Luis y Mateo no entendían muy bien por qué eran tan estrictos con ellos, pues eran muy devotos y nunca pretendían ofender a nadie ni incumplir ninguna norma. De hecho, se sincronizaban de tal forma que eran los más eficaces en las labores del claustro. Un día, Luis estaba clavando palos con un martillo, a modo de soporte para los árboles más pequeños, y, a su espalda, Mateo segaba los hierbajos más altos. Su sincronía era tal que hacían las tareas rítmicamente: levantaban los brazos a la vez y, al unísono, uno golpeaba el palo con el martillo y el otro cortaba las plantas. Uno de los monjes mayores que paseaba por el jardín se acercó a ellos y les echó una enorme bronca. Luis y Mateo casi no entendían ninguna palabra de las que pronunciaba, ni el emotivo del sermón. De toda la mezcla de sonidos y fonemas lograron deducir algo así como: “¿¡cómo os atrevéis, rojos miserables!?”. Ambos se miraron a la vez y, después, fijaron la vista en sus herramientas de trabajo: una hoz y un martillo. Al instante se dieron cuenta de que su sincronía les había jugado una mala pasada: al levantar sus brazos, sus herramientas se cruzaban creando así el símbolo de los comunistas.

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  15. Hoy cumplo 90 años. No se cumplen 90 todos los días, y es por eso que he invitado a toda la familia para celebrarlo. Me ha costado reunir a todos, puesto que no suelen tener mucho tiempo libre. Hace unos años que tengo movilidad reducida, por lo tanto, estoy en una silla de ruedas, lo cual me inhabilita para poder cocinar todo lo que me gustaría para mi familia. De todas formas, he conseguido preparar todo aquello que se que les gusta a mis hijos, sus parejas y mis nietos.

    Suena el timbre y me dirijo a la puerta para que pasen mis familiares. Estoy muy contenta, puesto que hace mucho que no les veo. Entiendo que no tengan tiempo para venir, ya que cada uno tiene su trabajo y los niños tienen que estudiar, y viniendo aquí puede que pierdan demasiado tiempo.

    Nos colocamos todos alrededor de la mesa, comemos todo y por último, sacamos la tarta para cantar feliz cumpleaños. Nos repartimos los cachos de la tarta y cada uno se pone a hablar de sus cosas en pequeños círculos, mientras los niños se van a jugar. Yo ya no tengo edad para ir a jugar con ellos, ni tampoco para ponerme a recorrer todo el cuarto para hablar con mis hijos, entonces, decido comerme la tarta tranquila en mi sitio.

    Una vez terminamos de comer todo, mis hijos y sus parejas deciden que se tienen que ir, que se está haciendo tarde y que los niños están cansados. Les ofrezco quedarse en mi casa, aunque prefieren irse a las suyas.

    Me dirijo a la cocina, y me encuentro con todo desordenado. Empiezo a limpiar los platos y me pregunto porque no me han ayudado a limpiar las cosas. Me arrepiento acto seguido de pensar estas cosas, ya que sé de sobra que si no han ayudado es porque tenían prisa para irse y si se quedaban a limpiar se les iba a hacer demasiado tarde. Sé que si no han traído comida es porque no han tenido tiempo de hacer algo para traer. Sé que si no han hablado conmigo es porque tenían cosas importantes que comentar entre ellos.

    Cuando nos despedimos me han dicho que vendrán dentro de poco, estoy segura que enseguida les volveré a ver.

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  16. En la primera viñeta observamos a tres monjes en un campo. Dos de ellos están trabajando en la cosecha, mientras que el tercero, les da órdenes. Este último muestra una expresión de enfado, y además esta gritando ya que ha descubierto que los dos monjes que trabajan comparten una ideología comunista, algo impensable dentro del contexto en el que se encuentran. Como consecuencia, estos son sometidos a duros trabajos como forma de castigo. Que Dios se ampare de ellos.

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  17. Es el cumpleaños de la abuela y toda la familia se reúne para celebrarlo. La mesa está llena de comida, regalos y risas. Ella, en su silla de ruedas, observa con ternura cómo todos disfrutan, cómo los nietos corretean y los hijos se cruzan bromas mientras le llenan el plato y le sirven una copa. Durante unas horas, la casa se llena de vida, de voces, de ese calor que solo aparece en los días especiales.
    Pero, poco a poco, la fiesta se disuelve: los nietos se cansan, los hijos se despiden con prisa, las risas se apagan. Cuando la puerta se cierra, solo queda ella, en silencio, frente a la mesa llena de platos sucios y restos de comida. Con esfuerzo, se acerca poco a poco, empuja una silla, recoge lo que puede y lo deja todo en orden. Nadie la ve, pero en su gesto queda una mezcla de amor, costumbre y soledad. Es su cumpleaños, pero, una vez más, termina siendo ella quien recoge la fiesta.

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  18. En el monasterio de San Bartolomé, Fray Julián y Fray Esteban habían sido siempre motivo de suspiros resignados por parte del abad: eran piadosos, sí, pero tan desmañados en las tareas del huerto que cada tarde era un milagro que no acabaran arrancando un rosal creyendo que era mala hierba. Aquel día, mientras Julián recogía un manojo de plantas silvestres y Esteban clavaba una estaca con aire ceremonioso, levantaron los brazos al mismo tiempo para secarse el sudor de la frente. Sin darse cuenta, la hoz de uno y el martillo del otro se cruzaron en el aire formando un símbolo que ningún manual del noviciado contemplaba. Fray Anselmo, el más anciano del convento, presenció la escena y se quedó petrificado: no sabía si estaba ante una herejía política o ante la enésima prueba de que los dos jóvenes eran capaces de formular el caos incluso incluso partiendo del más inocente orden. Con tono grave les advirtió de que en el monasterio no había espacio para “intentos revolucionarios”, mientras ellos, sin entender muy bien el alboroto, se miraban confundidos y se preguntaban en voz baja si quizá habían vuelto a pecar otra vez…

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