TERMINA LA HISTORIA
Actividad 3
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Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a comenzar su conversación con el anciano.
Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a una fiesta de fin de semana. De pronto, tironeó la manga del conductor y le pidió que detuviera el auto. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.
-Espéreme un momento -suplicó, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente.
Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos menores detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondía a su impaciente llamado.
-Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?
-Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Un fantasma, hija mía, frecuenta esta casa!

La joven dudó durante unos segundos, pero decidió no entrar. Al bajar por el sendero, escuchó un susurro que decía su nombre. Miró atrás y la casa y el anciano habían desaparecido. Desde entonces, cada noche sueña con la colina, preguntándose si algún día volverá a encontrarla, aunque sabe que eso o ocurrirá.
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ResponderEliminarLa joven retrocedió un paso, dudando si debía irse o quedarse.
ResponderEliminar—¿Y qué hace ese fantasma? —preguntó, fascinada y asustada al mismo tiempo.
—Protege la memoria de los sueños que los hombres olvidan —respondió el anciano—, y a veces invita a quienes tienen coraje a descubrirlos.
Ella sintió que algo dentro de ella despertaba, un conocimiento antiguo que no recordaba haber tenido.
Con una sonrisa temblorosa, decidió entrar, sabiendo que jamás volvería a ser la misma.
La joven entró con un presentimiento difícil de explicar.
ResponderEliminarUna figura suave apareció en la sala y ella reconoció el rostro de su abuela.
El anciano explicó que ese espíritu visitaba la casa desde hacía años.
La joven comprendió entonces por qué el sueño la había guiado hasta allí.
Ella asintió ante sus palabras y se dio la vuelta tras un susurro como despedida. Mientras se alejaba de la casa, la voz del anciano retumbaba en su cabeza.
ResponderEliminar-- ¿Qué tal día tiene?
-- Hoy es de los malos, tiene la mente perdida. Tampoco quiere tomarse la medicación.
La médica asintió con la cabeza antes de introducirse en el cuarto de la joven.
La joven, sorprendida pero decidida, preguntó con voz temblorosa: ----¿Qué clase de fantasma? El anciano la miró fijamente, y por un momento, pareció dudar antes de hablar.
ResponderEliminar- Un fantasma de recuerdos olvidados, de vidas no vividas, de caminos no recorridos. Esta casa, hija mía, está llena de secretos que no están destinados a ser desvelados.
Sin decir más, el hombre cerró la puerta suavemente. La joven, sintiendo un inexplicable impulso de explorar más, se quedó frente a la casa. La visión de aquella puerta cerrada ante ella la llenó de una sensación agridulce. Sin embargo, algo dentro de ella comprendió que el verdadero misterio no era la casa ni el anciano, sino lo que había dentro de ella misma, lo que aún no había querido enfrentar.
Con una sonrisa en el rostro, se dio la vuelta y se alejó, ya sabiendo que algunas puertas, aunque tentadoras, deben quedarse cerradas.
ResponderEliminarLa joven miró la casita y al anciano con la barba blanca. Sintió miedo, pero también mucha calma. El jardín estaba lleno de luz y todo parecía tranquilo. El hombre le advirtió del fantasma, pero ella sonrió y dijo: “No me asusta. Los sueños también son parte de la vida”. Entonces abrió la puerta y entró, convencida de que allí empezaba algo nuevo para ella.
Una joven soñaba con una casa en la colina y un anciano. Al encontrar el lugar y preguntar por la venta, el anciano le advirtió sobre un fantasma. Ella, al escuchar la advertencia exacta que esperaba, sintió que el misterio desaparecía. Comprendió que el sueño era una premonición literal que le había anticipado la realidad completa, incluidos los problemas. El sueño había sido la advertencia. Decidió que la casa no valía la pena, agradeció y se marchó inmediatamente, resolviendo el enigma con una decisión práctica.
ResponderEliminarPara cuando la mujer echó un vistazo a la casa de nuevo, el anciano había desaparecido. Ignorando la advertencia, cruzó la valla hasta subir al porche. Empujó con un chirrido la puerta principal, ya entreabierta, y le dio la bienvenida una oscuridad penetrante que la invitaba a sumergirse en ella. Sin ser consciente de ello, se adentró en ella y caminó hasta su muerte, donde el fantasma del anciano la esperaba.
ResponderEliminarLa joven preguntó extrañada:
ResponderEliminar-¿Un fantasma?
El anciano asintió.
-Sí. Siempre sube por el sendero, llama a mi puerta… y nunca llega a decirme lo que quiere.
La muchacha sintió un estremecimiento.
-¿Quién es?
El anciano la miró con una mezcla de tristeza y alivio.
-Eres tú, hija mía. Tu sombra, perdida entre sueño y vigilia.
Ella retrocedió, helada. Cuando volvió a mirar, el anciano había desaparecido y la puerta quedó entreabierta.
La mujer instantáneamente sintió la necesidad de entrar en la casa, algo la llamaba, debía de comprarla pero no podía esperar hasta ese momento para entrar. Rápidamente esquivó al hombre y se introdujo por el largo pasillo que la llevó hasta un salón victoriano, con sofás de terciopelo y muebles de madera oscura. Encima de una estantería observó una fotografía, un joven que le resultaba familiar, alguien que aparecía en un recuerdo lejano. El anciano apareció detrás suyo y tomó la foto, en voz baja dijo:
ResponderEliminar–¿Reconoces al fantasma?
Sin embargo, la muchacha no veía ningún fantasma y continuó conversando con el anciano. Hablaron de la historia de la casa, del jardín y de los secretos que guardaba entre sus muros.
ResponderEliminarCuando regresó al coche, el conductor, sorprendido, le preguntó:
—¿Por qué hablabas sola?
Ella se giró para mirar atrás, pero el anciano había desaparecido como por arte de magia.
En ese instante comprendió que el fantasma era el anciano con el que había estado hablando.
Entonces la joven se estremeció y dudó durante unos instantes, sin saber si debía entrar o dar media vuelta. Finalmente reunió valor y cruzó el umbral. Allí sintió una presencia familiar, un eco de alguien que ya no estaba, pero cuya memoria nunca desaparece del todo. Aquella casa y aquel sendero parecían ser señales enviadas para conectarla con él una vez más. Con el corazón ligero, salió, comprendiendo que mientras lo recordara, siempre seguiría cerca.
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ResponderEliminarEl anciano prosiguió con su historia:
ResponderEliminar---Todas las noches el fantasma de una muchaha intenta entrar en la casa pero siempre se desvanece cuando abro la puerta.
El anciano se ajustó las gafas y al fijarse mejor en quien tenía a la puerta una mueca de terror atravesó su rostro.
La joven se estremeció cuando los recuerdos empezaron a llegar a su mente como olas llegando a la orilla. La fiesta del fin de semana, el camino de la colina, el ciervo en mitad de la carretera, el frenazo, y, finalmente, oscuridad.
El miedo se apoderó de la joven. No conseguía articular palabras para preguntarle sobre el fantasma. Para cuando logró coger aire, parpadeó lentamente para tranquilizarse antes de hablar y, de repente, se despertó de nuevo en su cama. Estaba aterrada a la par que confusa. Lo que acababa de ver no parecía un sueño..., parecía real.
ResponderEliminar- Cariño, ya son las 19:00, vas a llegar tarde.
La joven miró todavía más desconcertada a su madre, que acababa de entrar en su habitación para despertarla de la siesta.
- Pe-pe-pero... Si yo estaba...
- Venga, que te están esperando abajo para llevarte a la fiesta.
La joven suspiró. Su tejido vibraba. Sus ojos se perdían en la mecedora que podía verse en el salón, posada sobre una alfombra persa, desde el ángulo de la puerta. Sobre ella, descansaba un suéter amarillo, regalo de su madre en su último cumpleaños, que había permanecido allí esperándola desde la última vez. "Lo sé" afirmó.
ResponderEliminarSe volvió a despertar, aunque esta vez el sueño había sido distinto. Ahora sabía cuál era la ubicación exacta de aquella colina.
ResponderEliminarSe levantó, se vistió y salió corriendo rumbo a la casa.
Lo recordaba todo como en sus sueños: cada detalle de la carretera, de la colina y, por supuesto, del aspecto de la casa. Dudó unos segundos antes de llamar a la puerta y, tras una larga vacilación, llamó. No pensaba marcharse sin descubrir qué ocurría en aquel lugar.
Lo extraño era que nadie abría. Tras varios intentos, y con la mano roja y dolorida de tanto llamar, se dio cuenta de que una de las ventanas estaba abierta. Entró en la casa y comenzó a investigar si había alguien allí.
Se asomó a la sala y se vio a sí misma sentada en el sillón, con la mirada perdida, completamente ausente. Intentó entrar, pero no pudo: ella no podía cruzar el umbral, ni la otra salir de la habitación.
De pronto, el anciano apareció. Se dirigió directamente a la sala para proteger a su hija del fantasma que llevaba días atormentando la casa. Entonces lo recordó todo: el accidente ocurrido semanas atrás donde un espíritu maligno se apoderó de ella , el momento en que su hermana gemela la había matado y cómo su padre, convencido de que había sido ella quien había intentado asesinar a su hermana, jamás llegó a conocer la verdad y ahora convive con un demonio.
Ahora su padre vagaba por la casa buscando la forma de deshacerse del espíritu de su hija fallecida, para evitar que volviera a acercarse o a tocar a la única hija que aún vivía, sin saber que su vida corría peligro.
La joven regresó al coche con la incómoda sensación de haber llegado tarde a una cita importante. Durante el trayecto a la fiesta no dejó de pensar en la casa, en el jardín perfecto y en el anciano, que parecía llevar siglos esperando exactamente a alguien como ella.
ResponderEliminarAl día siguiente volvió y compró la casa.
Se instaló convencida de que así cerraba, por fin, aquel misterio insistente. Sin embargo, no ocurrió absolutamente nada. No hubo ruidos, ni apariciones nocturnas, ni sueños extraños. El anciano no volvió a manifestarse de ninguna forma, ni siquiera para quejarse.
Con el tiempo entendió lo sucedido: el fantasma no frecuentaba la casa… la frecuentaba a ella. Y al mudarse allí, le había arruinado el único truco que sabía hacer.
Desde entonces vive tranquila en la colina, sin sobresaltos ni visitas sobrenaturales.
El anciano, en cambio, sigue apareciendo en los sueños de otras personas, intentando vender una casa que ya no es suya y despertándolas siempre justo antes de que puedan hacerle la pregunta que, en el fondo, nunca quiso responder.